Argentina después de diciembre de 2001: 2 escuelas de Arquitectura
Para revista DeARQUITECTURA nº14, Facultad de Arquitectura, Universidad de Chile.
ABSTRACT:
A diferencia de otras crisis, la que vivió Argentina en diciembre de 2001
no sólo tuvo un efecto económico y político sino también un notorio impacto social.
A 5 años de la crisis revisamos el caso de dos escuelas de arquitectura de
Buenos Aires que con distintas estrategias pretenden enfrentar con una
mirada renovadora la problemática de la formación.
Lo ocurrido en Argentina a fines del año 2001 es el desenlace de un largo proceso de degradación de las bases de la institucionalidad del país. Los insólitos niveles de corrupción que afectaron tanto a la clase política como al empresariado, la llamada convertibilidad peso – dólar y la extrema vulnerabilidad que alcanzaron las instituciones llevó a una crisis social y cultural pocas veces vista en la historia del país. La cesación de pagos, la desaparición del dinero circulante, los saqueos, las manifestaciones populares, la represión y las muertes, la renuncia del Presiente de la República y la jura sucesiva de 5 gobernantes en una sola semana nos dan algunos indicios de las dimensiones del desastre y del clima de incertidumbre y desconfianza que se vivió.
En lo inmediato, la crisis dejó a la población severamente damnificada, con índices de pobreza del 55% que impactaron directamente en la clase media y con una masiva migración de jóvenes al extranjero. La industria se paralizó de forma generalizada y la figura del Estado terminó con un escaso nivel de confianza. De golpe Argentina fue otro país.
Mientras la construcción, al igual que el resto de la actividad económica, prácticamente se paralizó[1], los arquitectos tuvieron que buscar caminos alternativos. Hay varios análisis al respecto, la mayoría coinciden en que con la crisis se acabó un largo período en que el arquitecto respondía a una demanda constante y en continuo ascenso, acompañada de altos niveles de consumo y estándares acordes a las posibilidades que entregaba la convertibilidad con el dólar. Fue, de alguna manera, el despertar de “la dulce inconciencia de la era de la frivolidad”[2].
Los caminos tomados fueron diversos y por cierto en muchos casos incluyeron el abandono temporal del ejercicio de la profesión[3]. La pobreza, el atraso y la degradación del espacio público pasaron a ser temas abordables seriamente por la disciplina, transformando la escasez en un motor para la exploración proyectual. Al mismo tiempo la reducción de los presupuestos y la baja de las importaciones impulsaron la revisión de las prácticas tradicionales de la construcción en hormigón armado y albañilería, dando paso a una experimentación más sistemática con la materialidad y con las técnicas artesanales locales. La destreza proyectual y el ritmo adquirido en los años previos fue para otros la herramienta que junto a un uso intensivo de la tecnología les permitió insertase con éxito en los circuitos globales. Se trató de buscar oportunidades donde antes no había, haciendo un ejercicio de revisión de las posibilidades que el mercado y la misma sociedad entregaban, tratando de revertir las adversas condiciones reinantes.
A 5 años de la explosión de la crisis, el país experimenta hoy una reactivación económica que es encabezada por la construcción[4], tiene a la industria produciendo al límite de su capacidad y a los arquitectos como uno de los grandes beneficiarios[5]. Aunque la distribución de esta reactivación ha beneficiado hasta ahora sólo a los sectores más acomodados de la población, en términos generales podemos decir que el país esta en franco retorno a la “normalidad”.
Superada en gran medida la peor parte de la crisis, los arquitectos corren el riesgo siempre presente de olvidar y seguir adelante como si nada hubiera pasado. Aunque las condiciones económicas vuelven a ser favorables, la crisis puede ser considerada como un motor que posibilitó la búsqueda de nuevos caminos y al mismo tiempo un mecanismo de denuncia de las necesidades sociales no cubiertas por los arquitectos.
Las experiencias que revisamos a continuación no ignoran las transformaciones vividas y recogen, de algún modo, algunas lecciones arrojadas después de la crisis. Habiendo transcurrido aún muy poco tiempo desde ese agitado fin de año, la convocatoria al Foro Académico 2006 para la renovación de los planes de estudio de las carreras impartidas en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (FADU – UBA) y el lanzamiento de la carrera de arquitectura de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) son signo de una nueva mirada a las problemáticas de la arquitectura.
1) FADU – UBA: Foro Académico 2006
Durante el año 2005 la FADU votó a sus nuevas autoridades. Con la elección del nuevo decano, el arquitecto Jaime Sorín, la facultad renovó el “color” de sus autoridades por primera vez desde el retorno a la democracia en 1984. A principios de 2006 la nueva gestión hizo un llamado masivo a participar en un Foro Académico buscando diseñar transformaciones académicas estructurales en los planes de estudios de las carreras que imparte la facultad (Arquitectura y Diseño Gráfico, Industrial, de Indumentaria y de Imagen y Sonido)
Lo que se pretende, según el decano Sorín, es proponer un nuevo perfil profesional, menos limitado y orientado no sólo al ejercicio libre de la profesión sino abierto tanto a las necesidades del sistema productivo (empresas, cooperativas, autogestión, etc.) y las necesidades de los municipios, secretarías, entidades de planeamiento y el órgano público en general, abriéndose a las nuevas formas de ejercer la profesión. “Hay un desfase tecnológico importante, porque los arquitectos salimos de la Facultad bastante preparados para afrontar el proyecto pero muy poco instrumentados con lo que tiene que ver con la tarea diaria de la construcción, con los cambios tecnológicos, ensimismados en una producción supuestamente de calidad pero muy separada de nuestro estándar profesional, muy encaminada a la realidad europea y desligada de la realidad latinoamericana”.
En la actualidad la FADU cuenta con 16.500 alumnos activos, de los cuales 10 mil cursan la carrera de Arquitectura e integra en su comunidad además de estudiantes, a profesores y graduados. El multitudinario llamado del Foro pretende incluir tanto al enorme grupo de estudiantes como al resto de la “comunidad universitaria” en un debate extenso que promete tener los primeros resultados durante este año. Se trata entonces de un proyecto ambicioso que pretende construir un nuevo proyecto con una orientación nacional y regional.
En su convocatoria, el Foro reflexiona acerca de los cambios sustanciales que ha vivido el contexto de la práctica de la arquitectura en los últimos 20 años. “La crisis de los grandes relatos explicativos, los cambios tecnológicos y la imposición de la cultura del entretenimiento a escala global; el crecimiento de la brecha social, la profunda transformación socio económica y la modificación de los circuitos productivos tradicionales a escala local, son sólo algunas situaciones que nos obligan a repensar la fundamentación y el ejercicio de nuestros saberes. Es hora de volver a pensar los sentidos, modalidades y contenidos de la enseñanza de los diseños, de redireccionar nuestras producciones, de pensar en la diversidad de perfiles profesionales que requiere un contexto cada vez mas complejo, tan lejano de las circunstancias de la decimonónica École des Beaux Arts como de la Bauhaus moderna, últimos modelos en los que nuestra institución se ha reflejado”. Se priorizan dos ejes estratégicos de discusión: inserción y contenidos. El primero busca materializar nuevos vínculos entre la facultad y la sociedad, esto a través de aportes específicos a proyectos locales, nacionales y regionales y a la elaboración de respuestas concretas a la diversidad de los modos de producción. Respecto a los contenidos, se busca ligar más estrechamente docencia e investigación, definir temáticas estratégicas prioritarias y establecer mecanismos de articulación e intercambio del conocimiento entre las ramas formativas.
Sobre este “nuevo perfil”, el arquitecto Javier Fernández Castro, Secretario Académico de la FADU sostiene que “se tiende a generar perfiles profesionales únicos asociados al ejercicio liberal de la profesión, el montar un estudio propio o definir grados de producción casi artesanal, mientras el contexto demanda otras inserciones posibles, tales como nuevas tareas en un Estado en recomposición, inserción en un lugar específico del ciclo industrial, acción comunitaria, etc. Incluso perfiles como la investigación o la crítica, no se reconocen como ejercicios profesionales. Sólo así tiene sentido la masividad, no sólo como creadora de una conciencia crítica general, sino como estrategia de respuesta a las múltiples solicitaciones de un contexto cada vez más complejo”.
El Foro Académico, más allá que a primera vista pueda parecer una típica instancia burócrata, instala la discusión en términos nacionales, más allá de los problemas domésticos de la facultad. A partir de las grandes transformaciones vividas en el país y en el mundo, se proyecta al futuro con la ambición de formar profesionales idóneos, capaces de afrontar los desafíos de la realidad contemporánea.
2) UTDT: Arquitectura 2007
La Universidad Torcuato Di Tella es una institución privada fundada en 1991 por la Fundación Torcuato Di Tella. Busca formar a las “nuevas generaciones de dirigentes empresariales, académicos, sociales y políticos, brindando un saber superior en las artes y las ciencias”. Se trata de una institución orientada a una elite que a primera vista contrasta con la masividad de la universidad pública.
En 1996 se creo al interior de la Universidad una unidad académica orientada a “contribuir a valorar, estimular, renovar y trasmitir el conocimiento” de las teorías y las prácticas de la Arquitectura Contemporánea. Desde su creación, el Centro de Estudios de Arquitectura Contemporánea (CEAC) ha procurado adaptarse a los “acelerados cambios de la época”, a través de una estructura abierta y en constante renovación, aportando espacios de discusión e investigación a través de seminarios abiertos, wokshops, publicaciones y programas de postgrado. A partir de este año, la Universidad imparte la carrera de Arquitectura.
Esta busca “formar arquitectos capaces de encontrar las respuestas más apropiadas a los diferentes requerimientos de la realidad, con un alto nivel de creatividad e innovación”, esto a través de tres “claves”. Primero, un cuerpo de profesores de excelencia, integrado por “destacados arquitectos argentinos y por algunas de las figuras internacionalmente más destacadas del Cono Sur”. Segundo, brindando condiciones de estudio privilegiadas, con estaciones de trabajo individuales y con acceso a los equipos técnicos que permitan “recibir una formación práctica que supere el habitual acercamiento meramente visual a la profesión”. Tercero, privilegiando el cruce con profesores y alumnos de otras disciplinas de la Universidad , permitiendo complementar el título de arquitecto con un Campo Menor electivo dictado en alguna de las carreras impartidas en la Universidad.
El arquitecto Jorge Francisco Liernur, director de la carrera y del CEAC, explica: “La arquitectura puede verse de dos maneras: como una profesión u oficio pragmático o como una disciplina que hace a la condición humana y a su necesidad de habitar el mundo. Queremos abrir los problemas y tratar de resolverlos, formar profesionales eficientes, sí, pero que sigan haciendo preguntas. En la Argentina siempre se encaró como una profesión. Se enseñan recetas para aplicar rápidamente. Eso no implica que sea necesariamente profesionalismo”.
Lo que se propone en la Di Tella es un perfil menos “profesional” y más “disciplinar”, un arquitecto capaz de desempeñarse “en cualquiera de las formas del ejercicio profesional: independiente, en empresas vinculadas a la edilicia, en los diferentes organismos del Estado o en el sistema de investigación”.
Por otro lado, la inclusión de reconocidos arquitectos en el cuerpo de profesores, Solano Benítez (Paraguay), Angelo Bucci (Brasil), Rafael Iglesias (Rosario, Argentina) y Smiljan Radic (Chile) es parte de un esfuerzo del CEAC por colaborar en la articulación de un movimiento sudamericano que, alejado de la nostalgia del “regionalismo crítico”, reconozca las similitudes que hermanan a los países del cono sur, con las limitaciones propias de nuestra condición geográfica y económica y con un discurso que aunque reconoce las diferencias locales, remarca también las coincidencias.
La UTDT saca el máximo partido de su condición de universidad privada. Existiendo una universidad pública y gratuita y por lo tanto masiva, que en la actualidad forma a la gran mayoría de los arquitectos del País, la creación de un proyecto alternativo y si se quiere selecto, con sólo 35 cupos a un costo anual de $3.300 USD, se transforma en una oportunidad única para experimentar y proponer nuevos métodos de enseñanza, introducir discursos y para explorar cuáles debieran ser las condiciones de infraestructura óptimas para la formación de los futuros arquitectos. Esto, reconociendo el contexto y las posibilidades de nuestros países, más allá de los modelos formativos importados y probados en otras latitudes.
NOTAS:
Para elaborar este artículo se han consultado entrevistas y datos publicados tanto en diarios de circulación masiva como en periódicos universitarios y especializados, estadísticas elaboradas por el Instituto de Estadísticas y Censos de la Republica Argentina (INDEC), el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo de Buenos Aires (CPAU) y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, información publicada por las propias universidades aquí citadas (UBA y UTDT) y el dossier publicado por la Universidad Torcuato di Tella “Argentina 01+” en la Revista Block N°7 de Julio de 2006.
1. En enero de 2002 el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBA) recibió sólo 33 solicitudes de permiso de obra, en enero de 2005, mes en el que la actividad de la construcción recuperó los niveles previos a la crisis, el GCBA recibió 189 solicitudes. Al mismo tiempo, mientras en enero de 2001 el Índice Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) marcaba alrededor de 95 puntos en el mismo mes del 2002 llegó a marcar menos de 50.
2. Ana María Rogotti - Claudia Shmidt, “Argentina 01+: ¿qué pasó con la arquitectura?”, en Revista Block N°7, Buenos Aires, Julio de 2006.
3. El Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo de Buenos Aires (CPAU) a través de su matrícula habilita en forma trimestral el ejercicio de la profesión. En 2002 llegó a contar con 3668 matriculados activos, menos de la mitad del promedio de matriculados durante los años 90.
4. El ISAC del mes de Junio de 2006 acumula un crecimiento de casi 28% respecto al mismo mes del año pasado. Al mismo tiempo los permisos de obra en la Ciudad de Buenos Aires acumulan un crecimiento del 52,5% en el último año.
5. En la actualidad el CPAU cuenta con 7.867 arquitectos matriculados activos, contra los 3.668 que llegó a tener en 2002. Este año ha sumado 202 arquitectos que tenían su matrícula suspendida.




